¡Hola a todos!
Les comento que por un tiempo no voy a publicar escritos en el blog porque (finalmente...) retomé un proyecto de novela que tengo desde principios de 2010.
Aprovecho la ocasión para agradecerles de corazón a las 150 personas que siguen este blog. Más allá del número, lo que me conmueve es saber que hay gente a la que le interesa lo que escribo y que desea compartir conmigo lo que escriben, piensan, sienten.
¡Muchas gracias!
Una vez más, pido disculpas por no visitar los blogs de quienes suelen visitar el mío. Reconozco que estoy tomándome un tiempo para recargar energías y enfrentar un 2012 con grandes desafíos.
Veremos qué pasa...
¡Saludos!
. . . Escritos de Pablo Mariosa . . .
lunes 23 de enero de 2012
sábado 31 de diciembre de 2011
Mensaje de fin de año
Estas son las últimas palabras que pienso escribir en este año. Año que se apaga con el correr de las últimas horas, hasta una oscuridad absoluta que, después de la cuenta regresiva, explota en luces de colores en el cielo y el choque de las copas en donde sea que haya al menos dos personas dándole la bienvenida a un nuevo año. Todo año nuevo nace con luz.
Momentos como estos abundan en lugares comunes: un año nuevo es como empezar de cero, borrón y cuenta nueva, una lista de cosas-proyectos que queremos concretar, objetivos, deseos, entre tantas otras posibilidades. ¿Pero qué tiene de malo? ¿A quién dañamos con ese entusiasmo de dejar atrás para salir adelante con la idea de fuerzas que se renuevan, de una batería que, con un contar de diez hasta cero se llenan hasta ese tope ilusorio que no tocaban desde hacía doce meses?
Creo que pensar que en el 2012 será el fin del mundo (o que habrá enormes cambios… como, por cierto, los hubo desde que el hombre tiene memoria-cultura) es un poco como postular que “todo está escrito”. ¿Acaso no es lo mismo? Si el destino está escrito y no tenemos acceso a esas páginas, es lo mismo que un destino forjado por cada mínima acción que realizamos acá y ahora. Nuestro no-saber hace que dos polos opuestos se fundan en uno solo.
A lo que voy es que dejemos las excusas de lado: más allá de lo certeras o inválidas que sean las predicciones, lo más relevante es nuestro propio mundo, nuestra interioridad, nuestros actos, nuestro ser.
Me encantaría empezar el 2012 con la ilusión de que será un gran año, con la esperanza de que tomaremos conciencia, abriremos los ojos y seremos mejores personas. Mejores con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Mi querido Ernesto Sabato se preguntaba: “¿Sería uno tan duro con los seres humanos si se supiese de verdad que algún día se han de morir y que nada de lo que se les dijo se podrá ya rectificar?”.
Paz, amor, prosperidad, ¡por supuesto! Pero, sobre todo, aceptación de lo que somos, de nuestros defectos y virtudes; valor para tomar decisiones, para proyectar, para crecer, para compartir, para ayudar, para creer. Tengamos miedos, pero aprendamos a dominarlos. Pensemos dos veces, pero no pensemos hasta que se escape la oportunidad.
Cuando esta noche levante una copa, voy a pensar en todos aquellos que durante este último año (y desde años anteriores también) me brindaron su afecto, creyeron en mí y me permitieron formar parte de sus vidas, aunque sea a través de un escrito que nació en pleno centro de Buenos Aires y llegó a los ojos de una chica de México, de un chico de España, o de un vecino de mi ciudad, la ciudad de la furia.
No dejemos de luchar por nuestros sueños…
por Pablo Mariosa '11
Momentos como estos abundan en lugares comunes: un año nuevo es como empezar de cero, borrón y cuenta nueva, una lista de cosas-proyectos que queremos concretar, objetivos, deseos, entre tantas otras posibilidades. ¿Pero qué tiene de malo? ¿A quién dañamos con ese entusiasmo de dejar atrás para salir adelante con la idea de fuerzas que se renuevan, de una batería que, con un contar de diez hasta cero se llenan hasta ese tope ilusorio que no tocaban desde hacía doce meses?
Creo que pensar que en el 2012 será el fin del mundo (o que habrá enormes cambios… como, por cierto, los hubo desde que el hombre tiene memoria-cultura) es un poco como postular que “todo está escrito”. ¿Acaso no es lo mismo? Si el destino está escrito y no tenemos acceso a esas páginas, es lo mismo que un destino forjado por cada mínima acción que realizamos acá y ahora. Nuestro no-saber hace que dos polos opuestos se fundan en uno solo.
A lo que voy es que dejemos las excusas de lado: más allá de lo certeras o inválidas que sean las predicciones, lo más relevante es nuestro propio mundo, nuestra interioridad, nuestros actos, nuestro ser.
Me encantaría empezar el 2012 con la ilusión de que será un gran año, con la esperanza de que tomaremos conciencia, abriremos los ojos y seremos mejores personas. Mejores con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Mi querido Ernesto Sabato se preguntaba: “¿Sería uno tan duro con los seres humanos si se supiese de verdad que algún día se han de morir y que nada de lo que se les dijo se podrá ya rectificar?”.
Paz, amor, prosperidad, ¡por supuesto! Pero, sobre todo, aceptación de lo que somos, de nuestros defectos y virtudes; valor para tomar decisiones, para proyectar, para crecer, para compartir, para ayudar, para creer. Tengamos miedos, pero aprendamos a dominarlos. Pensemos dos veces, pero no pensemos hasta que se escape la oportunidad.
Cuando esta noche levante una copa, voy a pensar en todos aquellos que durante este último año (y desde años anteriores también) me brindaron su afecto, creyeron en mí y me permitieron formar parte de sus vidas, aunque sea a través de un escrito que nació en pleno centro de Buenos Aires y llegó a los ojos de una chica de México, de un chico de España, o de un vecino de mi ciudad, la ciudad de la furia.
No dejemos de luchar por nuestros sueños…
por Pablo Mariosa '11
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martes 29 de noviembre de 2011
. . . Sobre la complejidad de las relaciones subterráneas . . .
I (en una ciudad)
Se enamoraron entre dos estaciones. En el medio pasó de todo: miradas, perfumes, contacto, frío, calor, viento, sonidos, voces, silencio, equilibrio, manos.
II (en la misma ciudad)
Se separaron entre dos estaciones (aún no hay acuerdo sobre en qué línea de subte, a pesar de los rumores sobre por debajo de qué barrio ocurrió).
Parece que el subte se detuvo y se cortaron las luces. El calor era agobiante. En el medio pasó de todo: la última mirada, el último perfume, el último contacto…
Cuando volvió la luz, algo dejó de estar ahí, algo se rompió sin hacer ruido.
Sencillamente soltaron sus manos con la sensación de que no volverían a amarse, si es que alguna vez se habían amado. Ni siquiera discutieron o se despidieron: hacía demasiado calor.
III (justificación de la diferencia principal entre I y II)
Es más fácil enamorarse que asumir que ya no se ama a la otra persona, lo cual puede pasar, sobre todo en un subte que se detiene en pleno verano y donde hay cualquier cosa menos aire.
IV (o fragmento que intenta evitar un final angustiante)
Quienes se enamoraron entre dos estaciones van a ser muy felices. En cambio, quienes se separaron entre dos estaciones, si bien van a sentir toda la tristeza que el calor les permita, seguirán con sus vidas y tendrán nuevas oportunidades.
Y así el mundo, aunque no sepamos debajo de qué barrio sucede…
por Pablo Mariosa '11
Se enamoraron entre dos estaciones. En el medio pasó de todo: miradas, perfumes, contacto, frío, calor, viento, sonidos, voces, silencio, equilibrio, manos.
II (en la misma ciudad)
Se separaron entre dos estaciones (aún no hay acuerdo sobre en qué línea de subte, a pesar de los rumores sobre por debajo de qué barrio ocurrió).
Parece que el subte se detuvo y se cortaron las luces. El calor era agobiante. En el medio pasó de todo: la última mirada, el último perfume, el último contacto…
Cuando volvió la luz, algo dejó de estar ahí, algo se rompió sin hacer ruido.
Sencillamente soltaron sus manos con la sensación de que no volverían a amarse, si es que alguna vez se habían amado. Ni siquiera discutieron o se despidieron: hacía demasiado calor.
III (justificación de la diferencia principal entre I y II)
Es más fácil enamorarse que asumir que ya no se ama a la otra persona, lo cual puede pasar, sobre todo en un subte que se detiene en pleno verano y donde hay cualquier cosa menos aire.
IV (o fragmento que intenta evitar un final angustiante)
Quienes se enamoraron entre dos estaciones van a ser muy felices. En cambio, quienes se separaron entre dos estaciones, si bien van a sentir toda la tristeza que el calor les permita, seguirán con sus vidas y tendrán nuevas oportunidades.
Y así el mundo, aunque no sepamos debajo de qué barrio sucede…
por Pablo Mariosa '11
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